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De grandes penas y grandes alegrías.

lunes, 1 de septiembre de 2014

La melodía perdida.

Fue por la mañana. Se me vino a la cabeza una tonadilla, un comienzo de una canción. Recordaba un sonido como de carillón, con una guitarra y unos teclados jugando alrededor. Venía de muy atrás, de hace muchos años. Y pensé en Mike Oldfield; sí, el estilo le pegaba. 

Silbé un tiempo mientras hacía cosas por casa. Qué ganas de oírla! Decidido, me senté ante el ordenador y busqué los dos discos de Oldfield que tengo. Fui picando en todas las canciones, aprovechando para escuchar de nuevo Moonlight shadow, o Five miles out. Pero no estaba allí. 

Contrariado, intenté hacer memoria. Imposible recordar el título de la canción, pero si al menos pudiese recordar con qué álbumes de Oldfield tuve contacto... los Tubular Bells, recuerdo tener los cassettes en la frontera de los veinte. Así que me pasé un buen rato en youtube intentando localizar esa canción a través de Tubular Bells I, Tubular Bells II. Nada. Comencé a dudar. Será de Oldfield? 

Contrariado, me fui a por la guitarra y toqué algo parecido. Pero en vez de saciarme, aún me dio más ganas de escucharla. Como un paisaje tras la espesura, como una estrella de esas que no ves con la fóvea, como volver a encontrar aquella mirada en una multitud.




Qué importancia tiene? Pues... es como perder una canción. Me pasé un montón de años sin echarla de menos, sin saber de hecho cómo se llamaba ni estar seguro de su autoría. Pero de pronto parecía feo no poder volver a escucharla. Ya de noche, tras un día agotador, me propuse revisar el Tubular Bells III, que ni sabía que existía. Por si acaso. Y en la barra de la derecha vi el nombre de un disco de grandes éxitos, "Elements". Nada en principio, pero luego vino todo, un cassette de alguien a quien quise mucho, tardes de escuchar música y soñar juntos. Y por fin, de pie, me paré escuchando aquella canción, que me trajo aires de una vida que quedó muy atrás, pero que... es mía. Y escucharla fue como destapar un perfume que habías olvidado. 

domingo, 22 de junio de 2014

Nos complicamos tanto la vida...

...y a veces todo es tan sencillo como hacerse un café mañanero, poner un disco de Sophie Ellis Bextor, y mirar por la ventana esperando lo que vendrá. 

Hay una sensación concreta, como todas muy difícil de llevar a palabras, que me encanta. Es esa en la que te sientes poseedor de algo maravilloso, una vida, nada menos. Una en la que puede que ocurran cosas memorables en las que participarás. Hoy la tengo. Memorable no es la coronación de un rey, ni una guerra en Ucrania, eso es histórico... en la gran historia. En la pequeña, en la mía, fue memorable la charla con Dimitri el matemático, el día que Carlos me dejó hundirme en el río, que Vicente situase la falla de San Andrés en Galicia, la cara de la china cuando le di la flor...


...o ayer, cuando salí de casa de M, hablando del Universo, y al mirar arriba allí estaba, el jodido.

lunes, 14 de abril de 2014

Gravedad.

Es tan agradable cuanto te estiras sobre la hierba, boca arriba, y sientes todo el planeta y su masa debajo de ti, tirando hacia abajo, impidiendo que salgas flotando hacia el inhóspito espacio exterior. 

La gravedad. Esa perra traicionera que hace que me hunda como una piedra en el agua por ser de huesillo denso. Esa que tiene a la Tierra y su Luna girando cara a cara, en una danza casi eterna donde... sí, hay otras cosas por allá, lejos, como Neptuno. Pero a quién le importa, Tierra, Luna.




Wellcome Images

lunes, 24 de febrero de 2014

Una habitación silenciosa.

Empatía. Sensibilidad. Información. Hasta que, dado que el mundo en el que vivimos está lleno de dolor de muchos tipos, se va haciendo más difícil sentir esa alegría genuina e inocente que en tiempos era accesible. Se puede ser alegre, sonreír, estar animado y animoso, pero parece que ahora es más bien a golpe de voluntad. 

Hoy vi en la televisión a una señora que busca justicia. Cuenta cómo sacaron de su casa a su padre y a su hermana de 14 años. A él le fusilaron, a ella la violaron y luego también la mataron. Han pasado más de ochenta años. Dolor, dolor, penas. Tantas y tan profundas que si llorásemos cada una como se merece, tendríamos que llorar miles de años. 

Hay que intentar ser optimista, seguir contándole cuentos bonitos a nuestros hijos y creer que en el fondo, ser buena persona sirve para algo en esta mierda de mundo. Yo lo hago, aunque hay días que no sé ni cómo. Ya de niño era demasiado reflexivo y parecía melancólico, cosa que en un crío resulta hasta graciosa, porque me olía ese dolor del mundo. Ahora que ya lo he experimentado y que sobre todo he sufrido viendo como se maltrata a seres queridos, peor se me pone. 

Nunca fui insensible, pero cierto tipo de ignorancia me lo ponía más fácil. Y envidio esa ignorancia que a veces veo incluso en gente de mi edad o mayores, que aún no se han encontrado a la bicha. A la vez, ese lamentable conocimiento es la posesión que hace que me agrade mucho más la compañía de unas personas u otras. Se me hace difícil compartir y disfrutar de la compañía de los que flotan, sobrevolando las miserias del mundo en su nubecilla. Quizá sea pura envidia.

Como fuere, hay días que me gustaría estar en esa habitación donde se dice que nadie aguanta ni una hora por la ausencia de ruido.

Meterse ahí y volver a creer que todo está bien. Y no digo mi vida, que está bien. Digo todo.



























Chris Nurse (Wellcome Images).

viernes, 24 de enero de 2014

Plenitud.

Hoy recuperé esta frase. Según esta definición, yo siempre he estado enamorado. Y puede ser así, en cierto modo. Parece ser que es de Edmond de Goncourt. La había olvidado, pero cuando la escuché por primera vez me gustó mucho. Creo que es la única definición del amor que me ha gustado. Pensé un rato en como traducirla, pero creo que desmerecería. No sé como es el original (francés, imagino). Así la conocí yo:


That is what I imagine love to be: incompletness in absence.



lunes, 20 de enero de 2014

La vaca y la música.

Quizá se viva mejor, pero es más fácil no hacer nada.

Ni siquiera sabía que los vecinos tenían vacas. Pero hoy el día se hizo largo. Una de ellas se quejaba, creo, aunque no estoy muy familiarizado con como se expresan. Y no había nadie a quién decirle que echase un ojo, así que me pasé buena parte del día escuchando los quejidos graves del animal. 

Hubo un momento por la tarde en que me tiré de los pelos, amargado por ello. Y pensé: si pongo música un poco alta, no la escucharé.

Creo que al fin y al cabo, de un modo u otro, eso es lo que hacemos todos los días.