Datos personales

Mi foto
De grandes penas y grandes alegrías.

martes, 26 de noviembre de 2013

Si no quieres derramar sangre... quémalo.

Las glorias y miserias de la naturaleza humana, un tema infinito. Desde tiempos inmemoriales, el fuego ha sido un modo tanto de asesinato como de ejecución. Si lo primero ya es triste, lo segundo se nos hace difícil de tragar, y más visto desde esta perspectiva un poco más civilizada de la Europa del siglo XXI.



Giordano Bruno, Juana de Arco, nuestro paisano Miguel Servet, y tantos otros personajes insignes fueron quemados vivos por las autoridades seculares, en quien la Iglesia delegaba este trabajo sucio. Y miles y miles de personas que no pasaron a la historia, muchas veces por no renegar de aquellas cosas en las que creían. En Inglaterra, en Italia, en España, en Francia, en todos lados. A veces creo que el ser humano no puede, no debe ser más empático, o nos pasaríamos llorando lo que nos quede de existencia por tanto daño que hemos causado... y sufrido.Si el tema no fuese tan serio, resultaría hasta gracioso asistir al Sínodo de Verona de 1184, donde se legisló que la muerte en la hoguera sería el castigo oficial de la Herejía, dado que la Iglesia "está en contra del derramamiento de sangre". No me considero creyente, pero sí creo que Jesucristo podría llorar sangre escuchando a esa panda de subnormales que creían representarle en la tierra. De todos modos, el asunto no es eclesiástico, sino humano. Aunque la mayoría de los tostamientos hayan sido responsabilidad de esa lamentable organización, la capacidad del ser humano para mostrar su lado menos amable no necesita directivas celestiales.

El caso es que consultando unas cosas sobre Juana de Arco, con dos pinchazos llegué a una noticia que es la motivación de esta entrada. En Kenia, al menos cinco "brujas" fueron golpeadas y quemadas vivas. Dentro de tanta miseria histórica, no tendría nada de destacable. Sólo que hay un vídeo del asunto en Youtube, y la fecha del linchamiento... 21 de mayo del 2009.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Masquerade

¿Por qué siempre nos empeñamos en ocultarnos? Y no me refiero al engaño que de por sí es deplorable, si no a esa tibieza con la que nos mostramos ante los demás. Al disfraz que nos convierte en personas todo terreno y anti fricciones.

Me lo pregunto a menudo. Tampoco espero respuesta, porque yo mismo lo hago y tampoco sabría explicar por qué. Tantos ingredientes tendría esa respuesta que sería inacabable. Porque pensamos que no vale la pena, a veces. Por evitar roces innecesarios. Por miedo, por precaución, por vergüenza, miedo al rechazo, por esto y lo otro y lo de más allá.

Da gloria sentarse con alguien, y hablar sin tapujos, de las cosas del corazón, de aquello que valoras o lo que opinas sin filtros. Pero es tan difícil, que sólo llegamos a hacerlo con algunas personas, y algunas veces. Ocurre a veces cuando conoces a alguien y te muestras, pero me parece horrible ver cómo con personas importantes de tu vida, con el paso del tiempo, acabas volviendo a ocultar aquello que una vez compartiste, tus deseos, miedos y anhelos, para pasar a las trivialidades.

A veces no puedo evitar pensar cuántas sorpresas agradables nos llevaríamos, y cuántas veces detrás de la tibia máscara encontraríamos afinidad real. Por imposible que resulte, a veces quiero imaginar cómo iría el mundo si siempre hablásemos y actuásemos así, de cara, con firmeza, mostrando como somos auténticamente.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Entrega.



Ya lo dice el bueno de Khan, I belong to you, you belong to me, that´s the way things are, always meant to be.

Hoy estaba comiendo solo, momentos en los que a veces enciendo la tele. Estaban poniendo una película con aspecto de ser una patochada romántica tipo Novia a la fuga o algo así. Pero uno de los personajes dijo esto. Ojo al verbo; qué fuerte.

"La necesidad de pertenecer a otro está dentro de todos nosotros.
Siento decírtelo."

Ya me cuesta a mí saber lo que tengo dentro como para hablar de "nosotros"; pero vamos, si la persona lo vale, que me ponga la marca como a los caballos. Que luego voy yo con el hierro al rojo.