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De grandes penas y grandes alegrías.

martes, 29 de octubre de 2013

Echar de menos...

...preparando una excursión donde hablaré sobre árboles, leer sobre el roble me hizo acordarme de mi padre. Era fuerte, una columna de sentido común y ternura contenida. La sensación que daba estar con él era la misma que tengo al poner la mano sobre un árbol.

No sólo le echo de menos, es que el mundo parece un lugar mucho más inhóspito desde el 2001. Es cierto que hay personas que dejan un vacío que es absolutamente imposible de llenar con nada, y eso es lo que realmente es echar de menos a alguien. Lo demás son contratiempos.



martes, 22 de octubre de 2013

Existe!

Es tan real como una manzana, pero mucho menos habitual y mucho, muchísimo más costoso. Tanto que a pesar de encerrar toda la maravilla, a veces me pregunto si no tendrá razón una buena parte de las personas que nos rodean en desconocerlo, o en renunciar a él.


Como fuere, yo la miré a los ojos, desnudo por fin, desnudo del todo. En plena confianza. Una y mil veces habría puesto mi cabeza en su guillotina, mi pistola en su mano (...), tiraría de la anilla de una granada con ella como Vasquez y el capitán en Aliens, para morir juntitos antes de que nos comiesen los bichos. El único modo de escape para la soledad, la real y la existencial, la única perfección que podemos conocer. Su alma salía por sus ojos a borbotones, y la mía por los míos. Porque nos conocíamos bien, nos aceptábamos maravillados y no había prevención, ni coraza alguna, ni compartimentos estancos, nada que esconder. Ella encerraba toda la princesa y toda la puta que podría desear, toda la entrega, la realidad y los sueños. Y así su mirada me decía "sí, soy yo" y la mía lo mismo. El alma se nos salía por los ojos y en algún punto de la nada se entremezclaban y saboreaban una a la otra mientras en esta bola que gira alrededor del Sol nuestros cuerpos de átomos hacían lo mismo. Dentro de ella, con su piel rodeando la mía, su olor enloqueciéndome de deseo, sus besos dulces o agresivos, rodeado de ella hasta que todo el resto del universo parece dejar de existir. El deseo, el maravilloso deseo creando un trampolín sobre el que saltar hacia algo mucho más grande aún. Mucho más grande aún!, y eso que el deseo puede llegar a ser algo muy grande. 
Eso de lo que se habla tanto pero que por lo que me han dicho muchas personas, no todo el mundo ha conocido. Y qué difícil es mantener ese puente levadizo funcionando, por si aparece la persona adecuada. No puedes tener vergüenza de ti mismo, ni mentir más allá de pequeñas cosas operativas, ni menos aún empañarlo con miserias que encierren tu alma y no la dejen salir por los ojos. Y si es así, si por algún motivo se te echa el niño al monte una temporada, tendrás que asumirte, aceptarte, dejar que el tiempo y la ayuda te curen antes de poder sentirlo de nuevo. A veces confundimos el deseo y la atracción, o la admiración, o la necesidad, posesión, o variados cócteles de estos y otros sentimientos porque pueden llegar a ser poderosos. Y como son mucho más accesibles, es una opción, la habitual. Pero yo escribo hoy de otra cosa. El sentimiento más intenso y más poderoso que puede sentir un ser humano, no puede durar mucho o no comeríamos, ni trabajaríamos, y nos cambiaría tanto como para disolvernos; pero quien lo tuvo aunque solo fuese un segundo, no podrá dejar de echarlo de menos si no vive al menos rodeado de sus reflejos y matices maravillosos, y con quien pueda hacerlo brotar de vez en cuando. 
Yo lo arañé, provoqué sus reflejos en algunos ojos y algunos ojos debieron verlo en los míos. Así que cuando alguien me dice que no existe, sinceramente, no lo entiendo. Es real como una manzana.

jueves, 17 de octubre de 2013

Somos "los otros"?

El último disco de Delain se llama "We are the others", y está relacionado con el hecho de que la joven Sophie Lancaster y su novio fueron atacados por una panda de gilipollas, según parece porque iban vestidos de góticos, hace unos años. Les dieron una paliza, ella entró en coma y murió 13 días después. 



La idea de "ser los otros" es esa, y en la canción habla de "olvidarse del uniforme y de las normas", y de que nosotros somos esos otros, los desposeídos, los raros, los que no comulgan. Cada vez que escucho ese tema me parece que el mensaje no es bueno. Los góticos, los gordos, los raritos, los frikis, los emos, formamos ese gran grupo de "los otros". También somos un grupo grande! Enteraos, normales!

La idea que me gusta no es la de otro grupo, sino la de desmontar el "normal". Yo no conozco a nadie normal. Yo no me siento normal, ni de los otros. No me siento parte de nada. Y no les zurraron por ser góticos, del mismo modo que no ocurren accidentes de tráfico por la lluvia.

viernes, 11 de octubre de 2013

La densidad de las tetas.


Lo leí hace muchos años, cuando era un niño que se empezaba a rascar barba. Un centímetro cúbico, una cucharadita de una estrella de neutrones, pesa unos cien millones de toneladas. O sea, la masa de un millón de ballenas azules (ojalá las hubiese) comprimida dentro de un dedal. O de todos los chinos. Eso me recuerda algo que una vez hablé con un buen amigo, que me dijo que estábamos vacíos. Se refería a que las partículas que nos forman están tan separadas que lo que impide que nos podamos fundir al hacer el amor o al cruzarnos en una acera no es que choque nuestra materia con la del vecino, sino la energía. Es algo que se estudia en primaria, pero como con tantas cosas es muy diferente saber algo e interiorizarlo. Estamos acostumbrados a pensar en nosotros como en algo compacto, lleno. Comparados con algo realmente apretadillo, como un púlsar, estamos vacíos. Expandidos. Y añadiría: unos más que otros.

Va a ser complicado por muchos motivos, desgraciadamente; pero me encantaría intentar levantar ese centímetro cúbico y recordar así qué poco conscientes somos de cuánto se ha aprendido sobre cómo es la realidad. De cómo, siendo animales, vemos lo que nos es útil, una representación parcial, imperfecta y funcional de cómo son las cosas. Tenemos al alcance conocimientos por los que Aristóteles, Newton o Brahe seguramente hubiesen vendido su alma. A veces pienso que hemos perdido algo de la capacidad de maravilla, porque muchas de estas cosas me las comento a mí mismo; por fuera, parece resultar más divertido hablar de fútbol o de tetas, despellejar al vecino, o cotillear. Que también está bien, pero todo cansa.

Menos mal que aún hay quien me aguanta, y con quien de vez en cuando puedo maravillarme de esas cosas.

viernes, 4 de octubre de 2013

Andamán.

En el 2010 murió la última hablante de un idioma.  Cientos de lenguas han desaparecido en la historia de la humanidad, por la espada, la imposición y el genocidio. Pero en esta era de internet y globalización, es sangrante asistir al languidecimiento de una cultura, a la muerte lenta de un idioma que ningún niño aprenderá. Lo que ha hecho notoria a esta persona es que hablaba un idioma que se extingue en nuestros tiempos. Así presentada, la historia toma flecos como de mujer elefante o barbuda, fíjense, esta señora habla un idioma que nadie más conoce ya. En vez de ser el triste acto final de siglos de injusticias, parece una noticia del tipo: señora se muere golpeada por excrementos caninos (parece ser que el hecho ocurrió de verdad en Vishy, Suecia, al congelarse unos excrementos de San Bernardo que cayeron de un balcón). No sé si me explico.

Ese idioma ya estaba muerto antes de que muriese esta señora. Lo matamos entre todos, en este caso nuestros amigos ingleses con su buen rollito civilizador llevaron la espada hasta allá; varias fuentes citan que para que se dejasen de hablar estas lenguas, que a ellos les sonarían ásperas, metían a los niños en “instituciones” donde se les civilizaba. Curiosamente, los niños se morían a montones. Algo como lo del aye-aye, que se muere en cautividad y pierde sus hermosos colores. Pero la culpa es de todos los que permitimos por acción u omisión que se trate injustamente a nuestros semejantes, lo cual incluye manifestaciones culturales y por supuesto, un idioma. Hay dos cosas que me fastidian enormemente; que se cause sufrimiento, y que se pierda la diversidad.