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De grandes penas y grandes alegrías.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Reflejos de lluvia.

En realidad, era tan sólo lluvia sobre el asfalto, un buen disco y un apresurado regreso al hogar. 
Pero para mí, por un momento, fue navegar en mares alienígenas con una espléndida banda sonora, el alma libre por un instante, como a veces ocurre en los sueños. 

Y ella decía: supongo que perdimos la fe, mientras esperábamos, ya que nunca sucede nada.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Acariciando espigas.

No sé qué fue exactamente. Algo, un día, me hizo pensar en esas escenas típicas de las películas en que el/la protagonista, antes de morir, rememora algún pasaje de su vida.

Ahora no recuerdo muchos casos; se me viene a la memoria la mano sobre las espigas de la Joan D´Arc de Luc Besson. O los recuerdos del general Máximo sobre su hogar y su amada, cuando muere en la arena. En la Milla Verde, un condenado a muerte le pregunta a Tom Hanks, creo, si cuando muere podrá irse de nuevo a sus dieciocho años, a las montañas, con una novia que tuvo.

No está en mis planes morirme todavía. Bueno, en realidad no está en mis planes morirme nunca, aunque dudo que mis planes valgan de mucho en cuanto a eso. Pero aunque no pudiese construir ningún otro recuerdo de esos que son un refugio siempre, ya me llevo dos. Supongo que sólo por eso puedo considerarme afortunado.

martes, 10 de septiembre de 2013

Ciao Edie

Música, cerveza, psicotrópicos, una adolescencia extraña que se adentra en una edad adulta extraña, mujeres de ojos brillantes, amigos, música, ese dolor del mundo que se te mete en las venas con hipodérmicas de arte, ese dolor que sabes que compartes con una parte de los seres humanos, aquellos que tienen ganas, empatía, sensibilidad, tiempo para pensar en ello, o quién sabe qué, que yo no. Ese dolor que no es práctico, ni fácil de explicar, ni dolor siquiera es, comparado con uno de muelas. Una pátina casi estética, que se imprime en algunas formas de ser y hace que muchas personas te elijan para contarte sus problemas.

Tantos años después sigo sorprendiéndome cuando encuentro a alguien que entiende bien esa frase que dijo no sé quién, de que no podrá ser totalmente feliz ni cerrando los ojos sabiendo que hay un perro que sufre en alguna parte. Y sin embargo, esa condición quizá nos permita ser más felices que nadie, cuando se puede, cuando por un momento dejas de sentirte solo y llega alguien que te entiende y escucha una canción de The Cult y por un momento esos hilos que se crean entre un artista, un amigo, un amante, un  hijo, alguien que escucha, que ayuda, que ama... te hacen sentir que no estás solo.