Datos personales

Mi foto
De grandes penas y grandes alegrías.

jueves, 25 de abril de 2013

El detective de uno mismo.


Juro que  veces no sé por qué me apetece llamar a alguien. O por qué me da por comerme un paquete de galletas después de cenar, o por qué ahora mismo me entraron ganas de cantar canciones de Loreena McKennitt a toda voz. Esas son cosas más bien inocuas, pero cuando quieres dejar de ver a alguien, y te pregunta por qué, y no sabes que decir salvo un "no lo sé" humilde y dicho bajito, es una putada. Es más, a veces creo que otros aciertan mejor en por qué hago algunas cosas que hago. Con el tiempo es mejor aceptarlo, porque es como convivir con un Fran infantil y caprichoso que simplemente no transita los mismos caminos lógicos y dirigidos del Fran que se conoce a sí mismo.


De todos modos, me encanta sorprenderme. Estar aquí dentro a veces es una jodienda, pero aburrido, no es.



lunes, 15 de abril de 2013

Dos pirámides que se encuentran.

Hace mucho tiempo, en unos meses que viví en otro país, intercambiaba correspondencia con una excompañera de trabajo y amiga que se había ido a vivir con su marido a los Estados Unidos. En ella desgranábamos novedades de nuestras vidas, pero también intercambiábamos opiniones sobre muchas cosas.

En una de esas cartas ella me comentaba sus impresiones sobre el amor verdadero, sobre esa imaginería de fundirse y necesitar al otro, de la dependencia,  como algo nocivo comparado con mantener la propia individualidad: el ser la media naranja o una naranja entera que durante un tiempo comparte rama con otra. 

Recuerdo que en mi respuesta valoré incluir una imagen bien tonta que se me ocurrió, y creo recordar que no lo hice. No está bien ser "medio algo". Pero está bien construir algo distinto, ¿no?