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De grandes penas y grandes alegrías.

sábado, 19 de enero de 2013

Fantasía en el huerto de los olivos.

El otro día comencé a contar una anécdota que liga una canción y un libro. Pero resulta que ya la había contado hace tiempo. De hecho, me vi a mí mismo repitiendo esto como un loro tropical y no me gustó. Me preocupa; no suelo repetirme, pero parece que me gusta contar esto. Para no martirizar a mis seres queridos lo cuento aquí y me saco un poco el gusanillo.

Cuando yo era joven, quiero decir, más joven, quizá tendría 18 años, encontré un libro. Siempre he adorado la buena fantasía escrita por los precursores, aquellos capaces de sucumbir a la tentación de pensar en otras cosas, en dejarse llevar por esa irrealidad onírica donde puede pasar de todo, mucho antes de la explosión de Tolkien, D&D, y todo ese universo de dragones, orcos y elfos que a base de repetirse comienza a ser tan rígido como este en el que vivimos. El sabor de los libros de Lord Dunsany o de Eddison me llevó un poco más atrás, y un día remoloneando en una librería encontré un libro que parecía adecuado. Se llamaba Fantasías (Phantastes), lo publicaba Minotauro, y era de un autor que después de leer muchas introducciones del género no me sonaba de nada. George McDonald.


En ese pedazo de libro, que me maravilló, hay un pasaje que no recuerdo bien, en el que un ser femenino le canta al protagonista: "Nunca te vi antes, no te veré más, pero el amor, el dolor y la ayuda son hermosos, y te han hecho mío para siempre jamás". La traducción es la del libro, no totalmente fiel; es más sonora pero para mi gusto pierde algo del sentido. En realidad debería ser algo como:
"Nunca te conocí, ni te veré nunca más; pero el amor, el dolor y la esperanza, ser hermoso, te han hecho mío hasta que todos mis años se cumplan"

Pasaron muchos, muchos años. Nunca releí el libro, de hecho lo he intentado, pero me atasqué. A través de los años esas líneas no las olvidé más, me tocaron alguna fibra de esas que tenemos por dentro. Y así llegué a vivir en Vigo, y un día curioseando en los hilos me topé con un grupo finlandés, hoy bastante conocido, llamado Nightwish (http://www.nightwish.com/). Por aquél entonces acababan de sacar su LP Oceanborn, una joya de cabo a rabo. Y recuerdo escuchar una y otra vez su canción llamada Gethsemane. Siempre, al llegar un momento de esa canción, algo me tocaba la misma fibra. Un sentimiento de pérdida, de amor, de ayuda, de dolor, todo mezclado, que muchas veces era capaz de arrancarle una lágrima a alguien que no es de lágrima fácil.

Aún tuvieron que pasar más años. Un día que escuchaba esa canción, y conseguí entender un par de palabras que se me resistían, pensé: coño, si se parece a las líneas de la tonadilla del McDonald; y no me extrañó. El sentimiento que me provocaba la canción y esas líneas era tan similar. Entonces me bajé la letra. Y sí. El bueno de Tuomas Holopainen, que supongo habrá compuesto esta canción, se ha leído Phantastes. Buscando una foto suya para esta entrada, me acabo de enterar que le gusta Lisa Gerrard! Si es que... en fin. El caso es que esas líneas, como a mí, le dijeron algo importante, lo bastante como para incluírlas en su canción, y en un momento donde la emoción de la música sugiere eso mismo. En la wikipedia (http://en.wikipedia.org/wiki/George_MacDonald) mencionan que Nightwish usaron unas líneas de McDonald en "The beauty and the beast", o sea que a este hombre ha debido gustarle McDonald tanto como a mí. Yo sé que usaron otras en Gethsemane, pero eso es lo de menos; no es el valor anecdótico mitómano lo que me importa, en ese sentido McDonald y Holopainen pueden irse al cuerno los dos, yo me quedo con mis héroes anónimos. Pero me gusta esto por lo que dice del alma humana, y es que las fibras de uno y otro, esas que tenemos por dentro, a veces se unen a través de la distancia, o el tiempo; y nos hacen sentir cosas parecidas. Me encanta.




1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, Fran. Yo también tuve a los 17 esa época de investigación del mito nórdico, naturalista y pseudomedieval, de libros como "Hadas" y otros, que se han convertido en literatura e ilustración para adolescentes, de gente como Vera Chapman, a la que hace tiempo tengo ganas de leer, pero sigo sin poder hacerlo. No quise limitarme a Tolkien, porque a fin de cuentas no representa la quintaesencia de este tipo de mitología, sólo su mayor difusor desde... a saber desde qué siglo. Lástima que esos libros estén atrapados en un trastero de Santander, sin nadie que los disfrute. Espero recuperarlos un día no muy lejano, para poder escuchar de nuevo la canción de Nimrodel... D.