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De grandes penas y grandes alegrías.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Creencias.

Hace un tiempo hablaba con una amiga que sostiene que es muy racional y que no cree en ninguna superchería ni nada sobrenatural, nada, en fin, que no esté demostrado científicamente.

A ella le sorprendió que yo mantenga una actitud abierta ante muchos fenómenos "sobrenaturales", o que directamente crea en la veracidad de algunos de ellos. Sorprende porque soy muy racional también, crítico, uso la lógica tanto como puedo y además trabajo en ciencia y estoy acostumbrado al método científico. Pero...
...cuanto más sabemos (y me refiero a la ciencia) menos seguras parecen algunas cosas. Y sobre todo, cuando se habla de mantener abiertas algunas puertas, siempre pienso que hay un fenómeno inexplicable e incomprensible, pero totalmente real, que la ciencia no puede ni comenzar a explicar, que ni sabe de qué está formado, ni por qué ocurre, qué lo crea o lo mantiene. La consciencia de cada uno de nosotros. 

Y sinceramente, pienso que puede haber más, y que al final, con los descubrimientos conseguimos retrasar la pregunta, pero no responderla.

martes, 26 de noviembre de 2013

Si no quieres derramar sangre... quémalo.

Las glorias y miserias de la naturaleza humana, un tema infinito. Desde tiempos inmemoriales, el fuego ha sido un modo tanto de asesinato como de ejecución. Si lo primero ya es triste, lo segundo se nos hace difícil de tragar, y más visto desde esta perspectiva un poco más civilizada de la Europa del siglo XXI.



Giordano Bruno, Juana de Arco, nuestro paisano Miguel Servet, y tantos otros personajes insignes fueron quemados vivos por las autoridades seculares, en quien la Iglesia delegaba este trabajo sucio. Y miles y miles de personas que no pasaron a la historia, muchas veces por no renegar de aquellas cosas en las que creían. En Inglaterra, en Italia, en España, en Francia, en todos lados. A veces creo que el ser humano no puede, no debe ser más empático, o nos pasaríamos llorando lo que nos quede de existencia por tanto daño que hemos causado... y sufrido.Si el tema no fuese tan serio, resultaría hasta gracioso asistir al Sínodo de Verona de 1184, donde se legisló que la muerte en la hoguera sería el castigo oficial de la Herejía, dado que la Iglesia "está en contra del derramamiento de sangre". No me considero creyente, pero sí creo que Jesucristo podría llorar sangre escuchando a esa panda de subnormales que creían representarle en la tierra. De todos modos, el asunto no es eclesiástico, sino humano. Aunque la mayoría de los tostamientos hayan sido responsabilidad de esa lamentable organización, la capacidad del ser humano para mostrar su lado menos amable no necesita directivas celestiales.

El caso es que consultando unas cosas sobre Juana de Arco, con dos pinchazos llegué a una noticia que es la motivación de esta entrada. En Kenia, al menos cinco "brujas" fueron golpeadas y quemadas vivas. Dentro de tanta miseria histórica, no tendría nada de destacable. Sólo que hay un vídeo del asunto en Youtube, y la fecha del linchamiento... 21 de mayo del 2009.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Masquerade

¿Por qué siempre nos empeñamos en ocultarnos? Y no me refiero al engaño que de por sí es deplorable, si no a esa tibieza con la que nos mostramos ante los demás. Al disfraz que nos convierte en personas todo terreno y anti fricciones.

Me lo pregunto a menudo. Tampoco espero respuesta, porque yo mismo lo hago y tampoco sabría explicar por qué. Tantos ingredientes tendría esa respuesta que sería inacabable. Porque pensamos que no vale la pena, a veces. Por evitar roces innecesarios. Por miedo, por precaución, por vergüenza, miedo al rechazo, por esto y lo otro y lo de más allá.

Da gloria sentarse con alguien, y hablar sin tapujos, de las cosas del corazón, de aquello que valoras o lo que opinas sin filtros. Pero es tan difícil, que sólo llegamos a hacerlo con algunas personas, y algunas veces. Ocurre a veces cuando conoces a alguien y te muestras, pero me parece horrible ver cómo con personas importantes de tu vida, con el paso del tiempo, acabas volviendo a ocultar aquello que una vez compartiste, tus deseos, miedos y anhelos, para pasar a las trivialidades.

A veces no puedo evitar pensar cuántas sorpresas agradables nos llevaríamos, y cuántas veces detrás de la tibia máscara encontraríamos afinidad real. Por imposible que resulte, a veces quiero imaginar cómo iría el mundo si siempre hablásemos y actuásemos así, de cara, con firmeza, mostrando como somos auténticamente.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Entrega.



Ya lo dice el bueno de Khan, I belong to you, you belong to me, that´s the way things are, always meant to be.

Hoy estaba comiendo solo, momentos en los que a veces enciendo la tele. Estaban poniendo una película con aspecto de ser una patochada romántica tipo Novia a la fuga o algo así. Pero uno de los personajes dijo esto. Ojo al verbo; qué fuerte.

"La necesidad de pertenecer a otro está dentro de todos nosotros.
Siento decírtelo."

Ya me cuesta a mí saber lo que tengo dentro como para hablar de "nosotros"; pero vamos, si la persona lo vale, que me ponga la marca como a los caballos. Que luego voy yo con el hierro al rojo.

martes, 29 de octubre de 2013

Echar de menos...

...preparando una excursión donde hablaré sobre árboles, leer sobre el roble me hizo acordarme de mi padre. Era fuerte, una columna de sentido común y ternura contenida. La sensación que daba estar con él era la misma que tengo al poner la mano sobre un árbol.

No sólo le echo de menos, es que el mundo parece un lugar mucho más inhóspito desde el 2001. Es cierto que hay personas que dejan un vacío que es absolutamente imposible de llenar con nada, y eso es lo que realmente es echar de menos a alguien. Lo demás son contratiempos.



martes, 22 de octubre de 2013

Existe!

Es tan real como una manzana, pero mucho menos habitual y mucho, muchísimo más costoso. Tanto que a pesar de encerrar toda la maravilla, a veces me pregunto si no tendrá razón una buena parte de las personas que nos rodean en desconocerlo, o en renunciar a él.


Como fuere, yo la miré a los ojos, desnudo por fin, desnudo del todo. En plena confianza. Una y mil veces habría puesto mi cabeza en su guillotina, mi pistola en su mano (...), tiraría de la anilla de una granada con ella como Vasquez y el capitán en Aliens, para morir juntitos antes de que nos comiesen los bichos. El único modo de escape para la soledad, la real y la existencial, la única perfección que podemos conocer. Su alma salía por sus ojos a borbotones, y la mía por los míos. Porque nos conocíamos bien, nos aceptábamos maravillados y no había prevención, ni coraza alguna, ni compartimentos estancos, nada que esconder. Ella encerraba toda la princesa y toda la puta que podría desear, toda la entrega, la realidad y los sueños. Y así su mirada me decía "sí, soy yo" y la mía lo mismo. El alma se nos salía por los ojos y en algún punto de la nada se entremezclaban y saboreaban una a la otra mientras en esta bola que gira alrededor del Sol nuestros cuerpos de átomos hacían lo mismo. Dentro de ella, con su piel rodeando la mía, su olor enloqueciéndome de deseo, sus besos dulces o agresivos, rodeado de ella hasta que todo el resto del universo parece dejar de existir. El deseo, el maravilloso deseo creando un trampolín sobre el que saltar hacia algo mucho más grande aún. Mucho más grande aún!, y eso que el deseo puede llegar a ser algo muy grande. 
Eso de lo que se habla tanto pero que por lo que me han dicho muchas personas, no todo el mundo ha conocido. Y qué difícil es mantener ese puente levadizo funcionando, por si aparece la persona adecuada. No puedes tener vergüenza de ti mismo, ni mentir más allá de pequeñas cosas operativas, ni menos aún empañarlo con miserias que encierren tu alma y no la dejen salir por los ojos. Y si es así, si por algún motivo se te echa el niño al monte una temporada, tendrás que asumirte, aceptarte, dejar que el tiempo y la ayuda te curen antes de poder sentirlo de nuevo. A veces confundimos el deseo y la atracción, o la admiración, o la necesidad, posesión, o variados cócteles de estos y otros sentimientos porque pueden llegar a ser poderosos. Y como son mucho más accesibles, es una opción, la habitual. Pero yo escribo hoy de otra cosa. El sentimiento más intenso y más poderoso que puede sentir un ser humano, no puede durar mucho o no comeríamos, ni trabajaríamos, y nos cambiaría tanto como para disolvernos; pero quien lo tuvo aunque solo fuese un segundo, no podrá dejar de echarlo de menos si no vive al menos rodeado de sus reflejos y matices maravillosos, y con quien pueda hacerlo brotar de vez en cuando. 
Yo lo arañé, provoqué sus reflejos en algunos ojos y algunos ojos debieron verlo en los míos. Así que cuando alguien me dice que no existe, sinceramente, no lo entiendo. Es real como una manzana.

jueves, 17 de octubre de 2013

Somos "los otros"?

El último disco de Delain se llama "We are the others", y está relacionado con el hecho de que la joven Sophie Lancaster y su novio fueron atacados por una panda de gilipollas, según parece porque iban vestidos de góticos, hace unos años. Les dieron una paliza, ella entró en coma y murió 13 días después. 



La idea de "ser los otros" es esa, y en la canción habla de "olvidarse del uniforme y de las normas", y de que nosotros somos esos otros, los desposeídos, los raros, los que no comulgan. Cada vez que escucho ese tema me parece que el mensaje no es bueno. Los góticos, los gordos, los raritos, los frikis, los emos, formamos ese gran grupo de "los otros". También somos un grupo grande! Enteraos, normales!

La idea que me gusta no es la de otro grupo, sino la de desmontar el "normal". Yo no conozco a nadie normal. Yo no me siento normal, ni de los otros. No me siento parte de nada. Y no les zurraron por ser góticos, del mismo modo que no ocurren accidentes de tráfico por la lluvia.

viernes, 11 de octubre de 2013

La densidad de las tetas.


Lo leí hace muchos años, cuando era un niño que se empezaba a rascar barba. Un centímetro cúbico, una cucharadita de una estrella de neutrones, pesa unos cien millones de toneladas. O sea, la masa de un millón de ballenas azules (ojalá las hubiese) comprimida dentro de un dedal. O de todos los chinos. Eso me recuerda algo que una vez hablé con un buen amigo, que me dijo que estábamos vacíos. Se refería a que las partículas que nos forman están tan separadas que lo que impide que nos podamos fundir al hacer el amor o al cruzarnos en una acera no es que choque nuestra materia con la del vecino, sino la energía. Es algo que se estudia en primaria, pero como con tantas cosas es muy diferente saber algo e interiorizarlo. Estamos acostumbrados a pensar en nosotros como en algo compacto, lleno. Comparados con algo realmente apretadillo, como un púlsar, estamos vacíos. Expandidos. Y añadiría: unos más que otros.

Va a ser complicado por muchos motivos, desgraciadamente; pero me encantaría intentar levantar ese centímetro cúbico y recordar así qué poco conscientes somos de cuánto se ha aprendido sobre cómo es la realidad. De cómo, siendo animales, vemos lo que nos es útil, una representación parcial, imperfecta y funcional de cómo son las cosas. Tenemos al alcance conocimientos por los que Aristóteles, Newton o Brahe seguramente hubiesen vendido su alma. A veces pienso que hemos perdido algo de la capacidad de maravilla, porque muchas de estas cosas me las comento a mí mismo; por fuera, parece resultar más divertido hablar de fútbol o de tetas, despellejar al vecino, o cotillear. Que también está bien, pero todo cansa.

Menos mal que aún hay quien me aguanta, y con quien de vez en cuando puedo maravillarme de esas cosas.

viernes, 4 de octubre de 2013

Andamán.

En el 2010 murió la última hablante de un idioma.  Cientos de lenguas han desaparecido en la historia de la humanidad, por la espada, la imposición y el genocidio. Pero en esta era de internet y globalización, es sangrante asistir al languidecimiento de una cultura, a la muerte lenta de un idioma que ningún niño aprenderá. Lo que ha hecho notoria a esta persona es que hablaba un idioma que se extingue en nuestros tiempos. Así presentada, la historia toma flecos como de mujer elefante o barbuda, fíjense, esta señora habla un idioma que nadie más conoce ya. En vez de ser el triste acto final de siglos de injusticias, parece una noticia del tipo: señora se muere golpeada por excrementos caninos (parece ser que el hecho ocurrió de verdad en Vishy, Suecia, al congelarse unos excrementos de San Bernardo que cayeron de un balcón). No sé si me explico.

Ese idioma ya estaba muerto antes de que muriese esta señora. Lo matamos entre todos, en este caso nuestros amigos ingleses con su buen rollito civilizador llevaron la espada hasta allá; varias fuentes citan que para que se dejasen de hablar estas lenguas, que a ellos les sonarían ásperas, metían a los niños en “instituciones” donde se les civilizaba. Curiosamente, los niños se morían a montones. Algo como lo del aye-aye, que se muere en cautividad y pierde sus hermosos colores. Pero la culpa es de todos los que permitimos por acción u omisión que se trate injustamente a nuestros semejantes, lo cual incluye manifestaciones culturales y por supuesto, un idioma. Hay dos cosas que me fastidian enormemente; que se cause sufrimiento, y que se pierda la diversidad.


viernes, 27 de septiembre de 2013

Reflejos de lluvia.

En realidad, era tan sólo lluvia sobre el asfalto, un buen disco y un apresurado regreso al hogar. 
Pero para mí, por un momento, fue navegar en mares alienígenas con una espléndida banda sonora, el alma libre por un instante, como a veces ocurre en los sueños. 

Y ella decía: supongo que perdimos la fe, mientras esperábamos, ya que nunca sucede nada.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Acariciando espigas.

No sé qué fue exactamente. Algo, un día, me hizo pensar en esas escenas típicas de las películas en que el/la protagonista, antes de morir, rememora algún pasaje de su vida.

Ahora no recuerdo muchos casos; se me viene a la memoria la mano sobre las espigas de la Joan D´Arc de Luc Besson. O los recuerdos del general Máximo sobre su hogar y su amada, cuando muere en la arena. En la Milla Verde, un condenado a muerte le pregunta a Tom Hanks, creo, si cuando muere podrá irse de nuevo a sus dieciocho años, a las montañas, con una novia que tuvo.

No está en mis planes morirme todavía. Bueno, en realidad no está en mis planes morirme nunca, aunque dudo que mis planes valgan de mucho en cuanto a eso. Pero aunque no pudiese construir ningún otro recuerdo de esos que son un refugio siempre, ya me llevo dos. Supongo que sólo por eso puedo considerarme afortunado.

martes, 10 de septiembre de 2013

Ciao Edie

Música, cerveza, psicotrópicos, una adolescencia extraña que se adentra en una edad adulta extraña, mujeres de ojos brillantes, amigos, música, ese dolor del mundo que se te mete en las venas con hipodérmicas de arte, ese dolor que sabes que compartes con una parte de los seres humanos, aquellos que tienen ganas, empatía, sensibilidad, tiempo para pensar en ello, o quién sabe qué, que yo no. Ese dolor que no es práctico, ni fácil de explicar, ni dolor siquiera es, comparado con uno de muelas. Una pátina casi estética, que se imprime en algunas formas de ser y hace que muchas personas te elijan para contarte sus problemas.

Tantos años después sigo sorprendiéndome cuando encuentro a alguien que entiende bien esa frase que dijo no sé quién, de que no podrá ser totalmente feliz ni cerrando los ojos sabiendo que hay un perro que sufre en alguna parte. Y sin embargo, esa condición quizá nos permita ser más felices que nadie, cuando se puede, cuando por un momento dejas de sentirte solo y llega alguien que te entiende y escucha una canción de The Cult y por un momento esos hilos que se crean entre un artista, un amigo, un amante, un  hijo, alguien que escucha, que ayuda, que ama... te hacen sentir que no estás solo.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Debería...

...haber un fármaco, una asignatura, un condicionamiento social, o cualquier otra herramienta, para meterle empatía en la mollera a más de uno y de dos.


El mundo sería un lugar mucho mejor. Si sólo está bien desarrollada en algunos, resulta hasta molesta a veces, sobretodo cuando te pones en el lugar de alguien que no tiene empatía y aún así tienes ganas de sufrir de rebote dándole un par de hostias.



miércoles, 8 de mayo de 2013

Fisiología.

Bien sabe el azar cósmico que siempre he vivido inmerso en música. Pero el viernes pasado asistí a un fenómeno extraño. En un concierto de Wim Mertens, en un momento en que sólo hablaba su piano con el auditorio, interpretó una pieza que yo no conocía. El concierto fue especial, pero lo de esa canción no tiene nombre. Sólo sé que la congoja y la belleza que transmitía la canción se metía en el pecho y allí estrujaba cosas, y alteraba el pulso y el ritmo cardíaco. No es la primera vez que una canción llega y mueve cosas por dentro, ni mucho menos. Ocurre a menudo con muchas canciones que han sido banda sonora de una vida. Pero creo que jamás algo que antes no había escuchado afectó tanto, con tanta intensidad y por sorpresa.  Entre piezas más alegres y movidas, aquello fue lo mejor de la noche. Recuerdo mirar a mi derecha, afectado, suspirando profundamente para sacudirme una parte de aquello, y vi a un señor de unos sesenta años haciendo exactamente lo mismo, suspirando y con algo parecido asomando en los ojos.


En esos momentos me sentí privilegiado por estar allí. Y la verdad, es una sensación que he sentido algunas (bastantes) veces, no siempre en relación con la música, de hecho casi siempre en relación con otro ámbito estupendo de la vida. Y me sentí agradecido a ese señor bajito y con aire tímido y ocupado. Y al señor que hizo su piano. Y al arquitecto del auditorio, y al primer mono que bajó del árbol. Para un misántropo redomado, esos momentos no tienen precio.


jueves, 25 de abril de 2013

El detective de uno mismo.


Juro que  veces no sé por qué me apetece llamar a alguien. O por qué me da por comerme un paquete de galletas después de cenar, o por qué ahora mismo me entraron ganas de cantar canciones de Loreena McKennitt a toda voz. Esas son cosas más bien inocuas, pero cuando quieres dejar de ver a alguien, y te pregunta por qué, y no sabes que decir salvo un "no lo sé" humilde y dicho bajito, es una putada. Es más, a veces creo que otros aciertan mejor en por qué hago algunas cosas que hago. Con el tiempo es mejor aceptarlo, porque es como convivir con un Fran infantil y caprichoso que simplemente no transita los mismos caminos lógicos y dirigidos del Fran que se conoce a sí mismo.


De todos modos, me encanta sorprenderme. Estar aquí dentro a veces es una jodienda, pero aburrido, no es.



lunes, 15 de abril de 2013

Dos pirámides que se encuentran.

Hace mucho tiempo, en unos meses que viví en otro país, intercambiaba correspondencia con una excompañera de trabajo y amiga que se había ido a vivir con su marido a los Estados Unidos. En ella desgranábamos novedades de nuestras vidas, pero también intercambiábamos opiniones sobre muchas cosas.

En una de esas cartas ella me comentaba sus impresiones sobre el amor verdadero, sobre esa imaginería de fundirse y necesitar al otro, de la dependencia,  como algo nocivo comparado con mantener la propia individualidad: el ser la media naranja o una naranja entera que durante un tiempo comparte rama con otra. 

Recuerdo que en mi respuesta valoré incluir una imagen bien tonta que se me ocurrió, y creo recordar que no lo hice. No está bien ser "medio algo". Pero está bien construir algo distinto, ¿no?



jueves, 21 de marzo de 2013

Allegro prestissimo con fuoco, o adagio...

...y por el medio poca cosa. Escuchando a Grieg y comiendo manzanas, me doy cuenta de que muchas cosas las  hago, las provoco y las vivo como si me fuese a morir mañana. Y también de que hay otras muchas que retraso y pospongo como si fuese a vivir eternamente.


Debería hacer algo al respecto, pero creo que eso está en la segunda categoría. 

miércoles, 6 de marzo de 2013

El sujeto y el objeto.

Es un recuerdo que me asalta con frecuencia. Yo tenía cuatro años. Vivía con mi familia en un piso, compartía habitación con un hermano mucho mayor, la luz se apagaba cuando el decía, y yo me quedaba a oscuras pensando en Maite, una compañera de clase y vecina... que también tenía cuatro años. Me imaginaba con ella en una cabaña en medio de la nieve, los dos solos, con una hoguera ardiendo en el hogar, los dos vestidos con pequeños trajes de tartán. La besaba, la seguía besando, pero faltaba algo, algo que todavía no sabía lo que era.


Me pasé años bebiendo los vientos por ella, aunque no me hacía ni puñetero caso. La relación, que era más bien inexistente, no se puede catalogar como.. nada, y se acabó cuando ya en la madurez de los ocho años me planteé que mi otra vecina Maricarmen era un objeto mucho mejor para todo ese sentir.

martes, 26 de febrero de 2013

Murciélagos.

Érase un hombre al que cada vez que salía a pasear en el crepúsculo, con su gran perro Ciro, un murciélago le acompañaba dando vueltas a su alrededor, durante años. Nunca supo si era el mismo o no, son pequeños mamíferos muy rápidos... y esquivos!

El hombre se cambió de casa, pero otra vez, cuando estaba solo en el jardín cuando el sol se pone, un murciélago solía rondarle en sus caminatas. Cuando tuvo un hijo, como en los paseos ya estaba presente el pequeño, el murciélago sólo aparecía fugazmente a lo lejos. Cada vez el padre le decía al hijo, susurrando:

-Un morcego! Mira: é pequeno, oscuro, e só sae de noite.

El hijo repetía, de forma casi ininteligible, y susurrando también:

-O mocego... epepeno, oscuro, d´note.

Pero nunca lo veía. Así, cada vez que hablaba del murciélago parecía que pensase en un ser mitológico, como el ratón que vive encima de su casa y al que nunca ve, o su abuelo que ya no está entre nosotros.

Otra vez apareció fugazmente haciendo sus quiebros en la esquina de la finca. Y el padre dijo: morcego! El pequeño esta vez no pareció resignarse, por algo ya tiene tres años. Y dijo:

-Hai que buscalo!

El padre contestó que era difícil, que ya no estaba, pero aún así los dos fueron hacia el río, caminando ya medio a oscuras, saltando por encima de troncos caídos. Cuando se pararon en un claro y el hombre se daba la vuelta para convencer al pequeño de que esta vez no habría suerte, un murciélago comenzó a dar vueltas a su alrededor, pasando a centímetros de sus caras. Caras llenas de alegría que aumentó cuando otro  murciélago más se unió y los dos estuvieron danzando, recortados contra el rojo del crepúsculo, creando arabescos y quiebros en el aire alrededor de los dos humanos. Y así estuvieron cinco minutos, girando uno alrededor del otro como Eve y Wall-E en el espacio exterior, hasta que se marcharon, y padre e hijo se fueron contentos hacia la bañera y su cena. Seguramente, los dos sintiéndose agradecidos.

viernes, 1 de febrero de 2013

Buscando melodías.

El otro día me recomendaron a un tipo que hace música electrónica. La verdad es que aunque digo que escucho de todo, no es cierto; apenas he oído música de ese estilo, no sé diferenciar sus subgéneros y en general nunca me ha atraído demasiado. Pero me gusta escuchar cosas nuevas, así que me puse una canción y aunque el envoltorio no me decía mucho, la melodía sí que me dijo algo, y al final, una vez acostumbrado el oído a sonidos que normalmente no me entusiasman, me enganchó eso que no depende de que uses un bajo, un teclado o un banjo, ni del tempo, ni del productor, algo mucho más basal y más relacionado con cómo somos y qué sentimos. También es verdad que por casualidad, la cantaba una de mis cantantes favoritas que (sorprendentemente, para mí) colaboró con el tipo este. El caso es que aunque tengo bastante definido qué tipo de música me gusta, me sorprende incorporar en mi banda sonora canciones del pop más comercial, o músicas tribales, o temas de los que casi te da verguenza hablar como el Jesucristo Superstar del amigo Sexto; y ahora también música electrónica, y todo porque la melodía que subyace me dice algo y me llega.

Poco después, en otra conversación memorable mientras tomábamos un café y escuchábamos música electrónica, hablando con mi amiga filósofa intentaba decirle cómo es que a veces me han impactado muchísimo personas que en principio no tienen nada que ver conmigo. Todo es confuso en esos términos, porque no se trata de flechazo, no se trata de andar con un test marcando las coincidencias y las supuestas virtudes y compatibilidades. Supongo que no supe explicarme bien, porque hablaba de sentimientos y eso no siempre es fácil. 

Creo que cuando conozco a alguien intento escuchar su melodía. Cómo venga envuelta me puede gustar mucho o poco, pero al final y comparado con el impacto de recibir esas sensaciones y con el despertar de sentimientos, que venga con teclado o guitarra distorsionada es trivial.

lunes, 28 de enero de 2013

Tanta amplitud disloca...

..y yo juraría que era el mismo paisano. Un hombre de unos cincuenta, con aspecto rudo. Anteayer subía hacia el hogar con humor sombrío, ceñudo y gafas de sol. Iba carretera arriba, conduciendo más bien rápido, y escuchando a Meshuggah a todo volumen. Suelo moderarlo al pasar por calles transitadas para no sobresaltar a nadie, pero cuando la carretera es abierta, no sólo subo el volumen; escenifico, grito y canto como si participase en una ópera. Aunque creo que no hay óperas con death metal; pensad en mis muecas demoníacas, la voz ronca y la mano engarfiada como presa de un paroxismo de terror y locura, bamboleando el cuello adelante y atrás como si se fuese a desprender para salir rodando por el asfalto.
En estas, al llegar a esa curva, veo en medio de mi escenificación al paisano, apoyado en la puerta de su camión, que se me queda mirando como quien vería a alguien que lleva un huevo frito sobre la cabeza.
Hoy ya me hizo gracia, porque en la misma curva me volvió a sorprender, sólo que esta vez iba escuchando a los Carpenters, con cara de ser más bueno que el pan, de estar enamorado de las margaritas y los pajarillos, cantando con voz melosa y a unos 60 km/h, llevando una sonrisa beatífica y moviendo la cabeza de un lado a otro como haciendo los coros de una canción de misa.
Juraría que era el mismo tipo, y hoy creí ver, aparte de la extrañeza y reprobación en su mirada, algo en plan "no entiendo nada".
Señor, yo tampoco. Se lo juro.

sábado, 19 de enero de 2013

Fantasía en el huerto de los olivos.

El otro día comencé a contar una anécdota que liga una canción y un libro. Pero resulta que ya la había contado hace tiempo. De hecho, me vi a mí mismo repitiendo esto como un loro tropical y no me gustó. Me preocupa; no suelo repetirme, pero parece que me gusta contar esto. Para no martirizar a mis seres queridos lo cuento aquí y me saco un poco el gusanillo.

Cuando yo era joven, quiero decir, más joven, quizá tendría 18 años, encontré un libro. Siempre he adorado la buena fantasía escrita por los precursores, aquellos capaces de sucumbir a la tentación de pensar en otras cosas, en dejarse llevar por esa irrealidad onírica donde puede pasar de todo, mucho antes de la explosión de Tolkien, D&D, y todo ese universo de dragones, orcos y elfos que a base de repetirse comienza a ser tan rígido como este en el que vivimos. El sabor de los libros de Lord Dunsany o de Eddison me llevó un poco más atrás, y un día remoloneando en una librería encontré un libro que parecía adecuado. Se llamaba Fantasías (Phantastes), lo publicaba Minotauro, y era de un autor que después de leer muchas introducciones del género no me sonaba de nada. George McDonald.


En ese pedazo de libro, que me maravilló, hay un pasaje que no recuerdo bien, en el que un ser femenino le canta al protagonista: "Nunca te vi antes, no te veré más, pero el amor, el dolor y la ayuda son hermosos, y te han hecho mío para siempre jamás". La traducción es la del libro, no totalmente fiel; es más sonora pero para mi gusto pierde algo del sentido. En realidad debería ser algo como:
"Nunca te conocí, ni te veré nunca más; pero el amor, el dolor y la esperanza, ser hermoso, te han hecho mío hasta que todos mis años se cumplan"

Pasaron muchos, muchos años. Nunca releí el libro, de hecho lo he intentado, pero me atasqué. A través de los años esas líneas no las olvidé más, me tocaron alguna fibra de esas que tenemos por dentro. Y así llegué a vivir en Vigo, y un día curioseando en los hilos me topé con un grupo finlandés, hoy bastante conocido, llamado Nightwish (http://www.nightwish.com/). Por aquél entonces acababan de sacar su LP Oceanborn, una joya de cabo a rabo. Y recuerdo escuchar una y otra vez su canción llamada Gethsemane. Siempre, al llegar un momento de esa canción, algo me tocaba la misma fibra. Un sentimiento de pérdida, de amor, de ayuda, de dolor, todo mezclado, que muchas veces era capaz de arrancarle una lágrima a alguien que no es de lágrima fácil.

Aún tuvieron que pasar más años. Un día que escuchaba esa canción, y conseguí entender un par de palabras que se me resistían, pensé: coño, si se parece a las líneas de la tonadilla del McDonald; y no me extrañó. El sentimiento que me provocaba la canción y esas líneas era tan similar. Entonces me bajé la letra. Y sí. El bueno de Tuomas Holopainen, que supongo habrá compuesto esta canción, se ha leído Phantastes. Buscando una foto suya para esta entrada, me acabo de enterar que le gusta Lisa Gerrard! Si es que... en fin. El caso es que esas líneas, como a mí, le dijeron algo importante, lo bastante como para incluírlas en su canción, y en un momento donde la emoción de la música sugiere eso mismo. En la wikipedia (http://en.wikipedia.org/wiki/George_MacDonald) mencionan que Nightwish usaron unas líneas de McDonald en "The beauty and the beast", o sea que a este hombre ha debido gustarle McDonald tanto como a mí. Yo sé que usaron otras en Gethsemane, pero eso es lo de menos; no es el valor anecdótico mitómano lo que me importa, en ese sentido McDonald y Holopainen pueden irse al cuerno los dos, yo me quedo con mis héroes anónimos. Pero me gusta esto por lo que dice del alma humana, y es que las fibras de uno y otro, esas que tenemos por dentro, a veces se unen a través de la distancia, o el tiempo; y nos hacen sentir cosas parecidas. Me encanta.




sábado, 12 de enero de 2013

La gallina o el huevo.

Acabo de ver casi hasta los créditos Violeta se fue a los cielos, una película biográfica sobre Violeta Parra. Recuerdo alguna canción de ella, que escuché en su momento gracias a alguien que, por cierto, se parecía bastante a la imagen que da la película de la cantautora. Alguien difícil de soportar, a la larga, creo (como yo).


A lo que iba... que me lío. El caso es que Violeta se suició a los 50 de un disparo. Yo no lo sabía, pero al ver que habían rodado una película sobre ella, ya casi se ve venir: camino autodestructivo, joderle la vida a tus seres queridos, y suicidio. Y tal cual. Y además, la pintan un poco autoritaria, desquiciada, faltona, egocéntrica, voluble y muchas otras cosas. Como tantos artistas admirados a lo largo y ancho del planeta.

He escuchado muchas veces que es el genio del artista. Y luego resulta que casi siempre, ese genio se destapa cuando son gente normal, trabajadora y tranquila, y ahí hacen obras que les catapultan a la fama. No será entonces necesario ser un gilipollas para producir buen arte.Quizá lo que les vuelve así es la estupidez de quienes les rodean, jalean y consienten, me temo. Dejé de verla, aunque su factura y la música me estaban gustando. Recordé una vez que alguien me contó que Axl Rose se habia parado en el hall de un hotel a hacer sus deposiciones. No sé si es verdad, pero no me extrañaría. Si se pega un tiro, fijo que hacen película.