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De grandes penas y grandes alegrías.

martes, 25 de diciembre de 2012

Qué hago yo con todo esto...

Hoy imaginé a un fulano que lleva encima unos días particularmente desequilibrantes. Un tipo que no sabe a dónde volver el alma, o el corazón, o el cerebro, o cualquier otro trozo de su cuerpo. Él podría pensar en otra persona diciéndole "ya sé lo que veo de oscuro en ti". El susodicho se pregunta si ella acertará, aunque lo duda sinceramente. Un hombre al que le dicen "si alguien logró hacerme sentir algo como lo que hablamos, quizá fuiste tú", frase que aún le llena de sorpresa y se convierte en uno de esos halagos inesperados y preciosos que le calientan las tripas en noches como las que imagino para él. Un tipo que puede volverse hacia algo que acaba de ocurrir, a un "no sabes cuánto me has ayudado" poco después de que le hayan mirado como si fuese el ser más despreciable del mundo. Alguien que se puede poner el Google Sky para ver si averigua de una puñetera vez dónde está Betelgeuse. Puede decidir tirar algunas prevenciones por la borda y hacer una entrada más personal de lo que suele en su blog, también, como un modo extraño de aligerar peso. A este personaje alguien le preguntó un día de estos si estaba tocando mucho la guitarra. Él quiso explicar que cuando las palabras no funcionan o no hay quién las escuche, cuando la manida imaginería de la tormenta interior acecha, siente una especie de "qué hago yo con todo esto". Cada uno tiene sus remedios caseros, uno de los de este homínido es agarrar su guitarra, y tocar. No en plan "le gustaría a...", o "qué bien me sale esta escala...", o "a ver si aprendo este tema de una vez". No, el individuo se pone un disco de esos para ocasiones y deja que fluya algo parecido a la rabia, o a la desesperación de alguien que tropieza una y otra vez. Suele acabar con el antebrazo dolorido, resoplando y con los oídos embotados.

Tampoco es un gran remedio, o no se lo parece a un observador imparcial. El tipo sigue andando de aquí para allá, una vida preguntándose casi todo el tiempo "qué coño hago yo con todo esto". Hoy dejará en algún texto un pedacito, otro en la guitarra, y el resto se lo llevará a la cama.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Lluvia púrpura

Que si referencia al manto púrpura de la realeza, o a la lluvia púrpura tras un holocausto nuclear... o a nada, coño, que manía de idolatrar, mitificar y romperse las pelotas como sabuesos tras un significado literal. Seguro que muchos autores se ríen en privado sobre disquisiciones que pululan de críticos y entendidos, cuando igual el tío estaba viendo llover tras un cristal malva. En fin.

Hacía mucho tiempo que no la escuchaba "de verdad". Quiero decir, es inevitable escucharla porque periódicamente cualquiera de estas canciones míticas te la ponen en la radio, en la tele o suena en un coche al pasar. Incluso puede que saliese por azar de mis altavoces unas cuantas ocasiones en estos últimos años. Pero mientras la consideraba para las sesiones de versioneo que nos marcamos últimamente (por culpa de un solo absolutamente delicioso, de escuchar, y más de tocar), recordé.

Que hace mucho tiempo, allá por el 1984, cuando el pirado este al que comparaban con Jimi Hendrix, un tipo que tocaba y cantaba y componía bien, nos hablaba de la lluvia púrpura.. casi daban ganas de ducharse en ella. La canción huele a promesa de algo distinto, a conseguir llegar, y hubo un tiempo, rondando los noventa, en que la consideré una de mis canciones amuleto, porque sonó en muchos momentos especiales casi como si me persiguiese.

Ha quedado sepultada por otros estilos y otras canciones que me dicen más y mejor, pero hoy recordé la lluvia púrpura.