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De grandes penas y grandes alegrías.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Cesiones.

Ayer llevé el coche al taller. Al salir, caminando por el centro, me sentía un poco raro. Últimamente no suelo frecuentar las calles cuando están llenas de gente atareada, yendo de aquí a allá. Siempre se me hizo un poco raro, y más con la deshabituación. Es como si todo el mundo supiese a dónde ir menos yo. 

Parado ante un paso de cebra, me llamó la atención un señor cabizbajo que estaba sentado en un portal. Tenía frente a sí una maleta de la que colgaba un cartel donde ponía "tengo hambre", y expresión amarga. A mi lado había una chica vestida como para ir a las carreras de caballos de Ascot, y con una expresión muy alegre. Y yo miraba de uno a otro. Las cosas son complicadas como para juzgar o disculpar a nadie, incluído uno mismo, pero lo único claro es que me sentí muy extraño. Algo está jodidamente mal, y no desde Lehman Brothers Holdings Inc., sino desde... yo que sé. El neolítico al menos. Desde que cedemos nuestra iniciativa, nuestra humanidad y la capacidad de decidir a los que no son idóneos.

lunes, 15 de octubre de 2012

Los halagos (II)

Pues algo sí que me hacen ronronear, todavía. Hoy me ha dicho una amiga que "conocí a un chico con los ojos más bonitos que tú". Y me pareció un piropo precioso, en el tiempo y en la forma, así, como quien no quiere la cosa, a estos pobres ojos irritados, miopes y cansados. Así que me desdigo, aún me hacen ronronear. Sobre todo así, los inesperados, los que te hace alguien que te aprecia mostrando lo que piensa sin querer nada.

Aunque ese tipejo deleznable los tenga más bonitos.