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De grandes penas y grandes alegrías.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Los halagos...

...siempre me hicieron mella. Y ahora menos, en estos días los que recibo casi no me causan ese ronroneo de autocomplacencia que antes me hacía feliz por un lado, y me molestaba por otro, como si fuese una debilidad o una carencia depender de lo que los demás opinen de mí.
Me pregunto si será que me estoy volviendo más humilde, más viejo menos joven, todavía más misántropo y gruñón, o una de tantas fluctuaciones caóticas. Ahora que lo pienso, me da igual. Quizá sólo esté aprendiendo a estas alturas a centrarme en pocas cosas. Eso sí que sería un cambio.

viernes, 21 de septiembre de 2012

La amistad y las sombras.

Hay quien se camufla de amigo. Por conveniencia, por soledad. Quizá sin siquiera darse cuenta. Amigos que están afilando hachas por si se cae el árbol, porque se sentirán mejor acompañando a un árbol caído. Es triste, pero cierto. Un amigo de verdad jamás intentará hacerte daño, camuflándolo de sinceridad en plan: por tu bien te diré... No hace comentarios insidiosos. Respeta tu punto de vista y lo acepta. Puede estar en desacuerdo, pero y esto es lo más importante: un amigo de verdad se alegra de corazón con tus alegrías.

Por fuerza, amigos de verdad hay pocos. Yo tengo algunos, y son uno de mis tesoros. También tengo de esas otras personas que ríen tus gracias, se van de copas contigo, incluso durante una temporada pueden hacer las funciones de un auténtico amigo. Pero no lo son. Todos tenemos de estos, seguro, y es valioso. No quiero perderlos, porque pueden aportar mucho en la vida de uno. 
Pero cuando imagino a un amigo de verdad, es como cuando en el Señor de los Anillos aparece Glorfindel y dice: me he cruzado con unos cuantos Nazgül y se me escaparon. Eso es un amigo/a; un ser luminoso que ahuyenta tus sombras. 
Por cierto que la adaptación de Peter Jackson está francamente bien, pero cuánto eché de menos ese momento. Los elfos parecerían menos delicados si al primero lo hubiese presentado así.


viernes, 14 de septiembre de 2012

En la peluquería, Cortázar y el heavy metal.

Hoy fue uno de esos días en los que uno hace muchas cosas distintas. Y una de ellas fue ir a cortarme el pelo. Por un lado, le recriminé a Montse que pongan faldones negros contra los que las canas, una vez cortadas, destacan demasiado y nos hacen conscientes del paso del tiempo. Siempre fui de pocas, pero este año han decidido aparecer en número.




Poco después le recomendé, irónicamente, puesto que conozco algo de su gusto musical, que fuese a ver a Arch Enemy. Si yo canto como su cantante durante tres segundos, me quedo sin voz el resto de mi vida. Entonces, ella me preguntó:

-Cómo es que te gusta ese horror de música?


No sé qué le dije. Nada importante. Pero recordé una cita que alguien colgó en algún antro virtual hace poco, una de Cortázar. Como siempre digo, no me gustan las citas, pero... esta no está mal. "I sometimes longed for someone who, like me, had not adjusted perfectly with his age, and such a person was hard to find; but I soon discovered cats, in which I could imagine a condition like mine, and books, where I found it quite often.".

A mi los libros y los gatos me gustan, aunque si alguien desea aumentar el número de estos últimos, que me mande un correo. Le pongo un sello a varios y se los mando, que me tienen frito. Pero no hacen que deje de echar de menos a esos seres que no se ajustan perfectamente no sólo a su edad, sino a esta época, aunque sólo sea para rezongar juntos. Y creo que por eso me gusta el metal. Algunos tipos del metal. Son una buena banda sonora para algunos sentimientos y cosas que tengo dentro. Supongo que no todo lo que fue útil al ser humano en épocas menos hipócritas sigue siéndolo en esta sociedad que hemos montado, pero biológicamente no hemos tenido tiempo de pulirlo... y algunos seguimos cargados de cosas que no encuentran salida fácil en una vida como las que hoy vivimos.

martes, 4 de septiembre de 2012

Nombres.

Creo que es en la trilogía de Terramar: la gente protege su verdadero nombre. Porque en ese mundo fantástico saber el nombre de las cosas da poder sobre ellas.

El otro día hablaba con alguien y debatía sobre por qué tienen tanta importancia los nombres. Acaso tenemos que etiquetar todo? Uno puede ser completamente heterosexual o completamente homosexual... y todo lo del medio? Puedes sentir una amistad profunda por alguien, o amarle con locura, pero me cuesta creer que no exista una especie de línea curva y extraña que pueda unir gradualmente algunas cosas. A veces uno es blanco y negro. Y eso no es gris, es blanco... y negro. ¿Hay un nombre para eso?
El caso es que por aqui hay un árbol que da unas frutas que no conocía. Unas cuántas búsquedas on-line infructuosas, algún libro consultado, para por fin saber que se llaman nashi. La verdad es que reconozco que hablo más de ellas y como muchas más desde que sé como se llaman. A veces soy un poco tocapelotas porque me gusta discutir amigablemente.