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De grandes penas y grandes alegrías.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Las palabras.



En una de mis películas más admiradas, que vi hace poco en compañía de mi filósofa favorita, dicen algo como:

"Claro que la perdoné... sin el perdón somos animales"

Y más adelante:

"...porque soy adicto a la verdad. Sin la verdad somos animales"

Yo diría que somos animales y punto, ya lo sabe todo el que me conoce. Y no como se suele decir, sino en serio. No sé, creo que los animales sí que pueden mentir, todo lo entrecomillado que se quiera, al menos los más cerebrales. Con su lenguaje corporal y sus actos, que viene a ser algo parecido. Y creo que... también pueden perdonar. No creo que haya muchas diferencias en ese sentido. Esa frontera estúpida y antropocéntrica que nos separa de un gorila es prácticamente inexistente. Y si la hay, es la palabra y la capacidad de montar crisis globales y guerras mundiales. Y teléfonos móviles.

Creo en las palabras. Me gustan. Quizá porque descifrar emociones en mi rostro no es fácil, me he acostumbrado a usar las palabras para transmitirlas. A veces acertaré, otras no. Pero lo intento. Me gustan las palabras porque acercan, porque gracias a ellas muchas veces se consigue despistar esa soledad que todos arrastramos. Porque de pronto te sientes comprendido. Alguna vez lo he logrado sin ellas, claro, con personas, y también cuando con mi perro Ciro el Grande mirábamos la luna en una noche clara y luego nuestros ojos se cruzaban; ahí había un entendimiento, un algo que te hacía sentir acompañado. Pero con las palabras es más intenso, más fácil, más sorprendente.

En días como ayer, o hoy, y muchos otros, esas palabras que otras personas me han lanzado, algunas cercanas, otras que están lejos, y otras que ni siquiera conozco, me han ayudado, y yo respondo con otra que me encanta.

Gracias.

Ahí va una canción que me regalaron hace muchos años, de un autor de la novísima trova cubana; una preciosidad.
http://www.youtube.com/watch?v=fP_GfVOShgM

jueves, 16 de agosto de 2012

Como animar a alguien que escucha a Tristania.



"Vamos, hombre! Anímate! La vida está llena de oportunidades, mañana saldrá el sol y será otro día en el que hay que levantarse y leerse un libro de Paulo Coelho. Y para que te acabes de animar, te voy a poner una bachata y a contarte un chiste."

"Joder, vaya mierda de vida, tío.A veces dan ganas de... no sé qué decirte. Menuda historia, yo estaría hecho polvo. Pon ahí a Tristania y pásame una cerveza."




domingo, 5 de agosto de 2012

El beso.

Estoy escuchando una grabación en directo de hace muchísimos años. Era un melenudo engreído y duro con mi gente por aquél entonces; de hecho, en esta canción cortaba de mala manera a mi amigo Carlos, el bajista, para dedicar la canción a quien yo quería. Sin preocuparme de si le parecería bien o mal. 



Con el tiempo he ido adoptando mejores maneras, a veces pienso que para acabar siendo demasiado melifluo y neutro, al menos en apariencia. Es más fácil tratar con la gente cuando pones un botón que regula la intensidad, pero se pierde mucho. En el fondo supongo que sigo siendo el mismo, quizá porque conseguimos matizarnos un poco, pero cambiar de verdad nos mataría. Y después de todo, puede que fuese un cenutrio, pero la canción era buena; casi me quitaría todo este barniz que me he puesto para volver a componer algo así. Creo que me voy a poner a ello en este domingo.