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De grandes penas y grandes alegrías.

jueves, 28 de junio de 2012

Extraño en tierra extraña.

Era un curso de fomento de actitud emprendedora para docentes. Y había un grupo de chimpancés, con su jerarquía,  llenando el aire con sus chillidos y sus gestos. Allí perdido, por cosas de la vida, había también un lémur de ojos verdes, preguntándose como tantas veces qué puñetas hacía él allí, rodeado de otros primates a los que quizá podía entender, pero en los que no se reconocía. Siguió escuchando, a veces pugnando por participar para no morirse de aburrimiento mientras los chimpancés líderes seguían soltando por sus bocas peludas obviedades y reflejos de sus grandes egos universitarios.

A veces el pobre lemur deseaba ser chimpancé, aunque solo fuese para sentirse dentro del grupo. Pero en este curso, no, porque de pronto vio a otro pequeño lémur de cola anillada sentado en la última fila, que le dijo: siéntate aquí conmigo, mientras sonaba Electricistas de Fangoria en la cabeza de uno de ellos. Y en determinado momento, hasta se escaparon (torpemente) para ir a sorber un refresco bajo las ramas de una acacia. Ser distinto tiene sus penalizaciones, pero a veces... hace que una bebida sepa mejor.

2 comentarios:

Logan y Lory dijo...

¿Electricistas de Fangoria? jaja genial!

Fran dijo...

Gracias Logan... :) A veces pareciera que uno ve su vida como una obra de teatro o una película, con su extraña banda sonora! Un abrazo doble.