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De grandes penas y grandes alegrías.

domingo, 19 de febrero de 2012

Sombras.


Encender una vela es conjurar una sombra (Ursula K. LeGuin).


En el libro de Lord Dunsany El crepúsculo de la magia, el bueno de Alonso de la Torre se queda sin sombra, si no recuerdo mal. Qué decir de Ged en Terramar y su sombra que le persigue. Hasta yo, hace muchos años, grabé una canción que se llamaba Hombre sin sombra, aunque el jodido del teclista siempre le llamaba en los ensayos Sin perdón. Nunca supe por qué.
Las sombras. Quién no tiene una que le acecha, o ha perdido la suya propia hasta no reconocerse. Te pueden agarrar cuando estás sentado en tu casa tranquilamente. O mirando un paisaje. Escuchando una canción melancólica, haciendo unas patatas pobres, bañándote. Las sombras de una vida, esas cosas oscuras a las que la luz no llegó. Hay quien consigue ignorarlas, vivir de espaldas a ellas. Hacer como que no existen. Yo no puedo, siempre digo que mi carácter es sombrío y es por eso, me gusta sacar a mis sombras, y no es masoquismo. Es que bailo con ellas, cantamos juntos, jugamos a un juego de horror y esperanza aunque a veces duela, porque sé que así cada vez se hacen menos nítidas, pierden su capacidad de causar espanto y dolor. Creo que podría ignorarlas, pero temo sus conciliábulos en los rincones, temo que así puedan hacer más daño y no darme ni cuenta. A base de pelearme con ellas, con alguna ya casi tengo amistad, a veces nos fumamos un cigarro antes de ir a cama, charlamos a la luz de las estrellas; esas sombras entrañables que aun causan un poco de frío en un costado, pero tan desvaídas, tan cerca de su nadir, que casi causan simpatía.

Luego están esas que llegan negras, negras como la noche más profunda, frescas, con todo su poder para molestarte... y que uno puede evadir cuando no apetece; en otras ocasiones también se puede agarrar cansino la vela, y aporrearles la cabeza, hasta conseguir a base de pelea que vayan perdiendo fuerza.

2 comentarios:

Tenar dijo...

Ola!
Estas reflexións e sentires teus evocáronme un texto de Berna Wang que me tivo engaiolada moito tempo e que agora, se mo permites, comparto contigo, pois creo que che gustará:

"Soy una casa. Y al mismo tiempo, la persona que la habita."
Esto lo escribí en febrero del 2002. En el año y pico que ha transcurrido desde entonces he hecho limpieza, sobre todo. Yo sola, como debe ser. Me recogí el pelo, me puse un pantalón y una camiseta viejos, y empecé a sacar basura. De debajo de las alfombras, de los altillos, del fondo de los armarios. Descongelé la nevera. Busqué y encontré todo el lastre, los trastos inservibles, los cadáveres, e hice con ellos una hoguera que ardió varios días seguidos. Barrí la ceniza y la usé de abono para el jazminero que hay en la pared sur del patio. Abrí boquetes para crear ventanas nuevas en los laberintos donde antes me quedaba atrapada con mis fantasmas y algún que otro ser vivo. Revisé una a una puertas y ventanas y las mantuve abiertas durante meses para asegurarme de que todos los que quisieran irse pudieran hacerlo. Y aprendí a convivir sin miedo con los fantasmas que se quedaron: cuando salen de sus rincones, les ofrezco un té y nos sentamos a charlar en la cocina o miramos, sin decirnos nada, la puesta de sol.

Graciñas por traermo de volta á cabeza!

Fran dijo...

Gracias Tenar. Si que me gustou, si!