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De grandes penas y grandes alegrías.

viernes, 10 de febrero de 2012

Muñeca rota.


Érase una vez una muñeca rota.
Todo el mundo podía mirar dentro de su cabeza, detrás de sus ojos, y no ver nada. Y ella se acostumbró a ser examinada así, todos los niños pasaban, miraban dentro de su cabeza caída y no veían nada, y la arrojaban a un lado.
Un niño especialmente extraño, con ojos de color océano y cabello negro como la noche, la recogió del suelo. Con mimo y artesanía unió cabeza y cuerpo. Han pasado muchos años, el niño ya casi es un anciano, y desde entonces lleva sentado enfrente, mirándola, esperando, a ver si ahora que nadie puede mirar comienza a formarse un alma allá dentro.

2 comentarios:

Teethless dijo...

Que gran sensación!

Fran dijo...

Eso alegra... gracias Teethless!