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De grandes penas y grandes alegrías.

viernes, 24 de febrero de 2012

El pequeño saltamontes.

Un día soñé con un maestro híbrido entre David Carradine y Paulo Coelho que me decía:

"Te exiges demasiado, pecas de soberbia y orgullo. Está bien mejorar, pero la humildad existencial también importa. Confórmate. No te hagas el mal, pequeño saltamontes, de compararte con los mejores. Esas personas que cada día logran pasar por este mundo haciéndolo un poco mejor, a base de trabajo, honestidad, de amplificar los buenos sentimientos y de minimizar los malos.

No te compares con ellos. Compárate, si quieres, con la media, la media planetaria, a veces superficial, muchas ignorante, casi siempre preocupada por nimiedades mientras lo que verdaderamente importa se aleja, todo aquello con lo que soñaron de niños, cuando todo eran posibilidades. Compárate con toda esa gente que cada vez lee menos, cada vez sueña menos, cada vez menos se emociona y ama y siente. Sólo así, huevo subdesarrollado, te sentirás algo mejor, e irás por la calle sintiéndote medianamente bien contigo mismo.

No te compares con aquéllos que han encontrado su camino auténtico, que les llena y hace felices, aquéllos cuyos sueños se han cumplido, o aquéllos que siguen persiguéndolos. O te sentirás peor."


Contraviniendo el mínimo respeto a la maestría, me encendí un cigarro y le dije a David-Coelho: que te den morcilla. Y no quiero ser agua.

1 comentario:

Logan y Lory dijo...

Jajajaja. Virgencita virgencita que me quede como estoy...

Poco o nada tenemos que ver con esas filosofías milenarias que han formado el carácter de gentes muy distintas a nosotros.

Nosotros tampoco queremos ser agua, ni adaptarnos al envase donde pretenden encerrarnos.