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De grandes penas y grandes alegrías.

lunes, 27 de febrero de 2012

Tipografía.

Hoy he estado en un curso de tipografía y edición. No sé muy bien qué pintaba allí. Tan poco lo sé, que bastante antes del final, noté como un prurito, un no sé qué, y le dije a mi colega: yo me voy. Esto es una tostada infumable. No fui el único.

Ahora estaba hojeando un conocido periódico, y recordé algunas cosas que vimos en el curso sobre cómo hacer destacar los textos. Tenemos una noticia muy destacada, con un cuerpo grande, gruesa, página impar: algo sobre ese Urdangarín, un nombre que yo personalmente desterraría de las noticias. A mí lo único que me importa es que pague por lo que hizo, si lo hizo, y nada más. Sólo verle, ya antes de que todo este rollo se destapase, ya me daba vergüenza ajena, igual que al resto de la familia.

Y en una tipografía diminuta, en una esquina de una página par, un "hoy murieron unas cincuenta personas en Siria". Y menos mal que no eran chinos, si no la noticia directamente ni aparecería.

No culpo al periódico, igual que normalmente no culpo al gobierno. Sólo son nuestro reflejo.

viernes, 24 de febrero de 2012

El pequeño saltamontes.

Un día soñé con un maestro híbrido entre David Carradine y Paulo Coelho que me decía:

"Te exiges demasiado, pecas de soberbia y orgullo. Está bien mejorar, pero la humildad existencial también importa. Confórmate. No te hagas el mal, pequeño saltamontes, de compararte con los mejores. Esas personas que cada día logran pasar por este mundo haciéndolo un poco mejor, a base de trabajo, honestidad, de amplificar los buenos sentimientos y de minimizar los malos.

No te compares con ellos. Compárate, si quieres, con la media, la media planetaria, a veces superficial, muchas ignorante, casi siempre preocupada por nimiedades mientras lo que verdaderamente importa se aleja, todo aquello con lo que soñaron de niños, cuando todo eran posibilidades. Compárate con toda esa gente que cada vez lee menos, cada vez sueña menos, cada vez menos se emociona y ama y siente. Sólo así, huevo subdesarrollado, te sentirás algo mejor, e irás por la calle sintiéndote medianamente bien contigo mismo.

No te compares con aquéllos que han encontrado su camino auténtico, que les llena y hace felices, aquéllos cuyos sueños se han cumplido, o aquéllos que siguen persiguéndolos. O te sentirás peor."


Contraviniendo el mínimo respeto a la maestría, me encendí un cigarro y le dije a David-Coelho: que te den morcilla. Y no quiero ser agua.

domingo, 19 de febrero de 2012

Sombras.


Encender una vela es conjurar una sombra (Ursula K. LeGuin).


En el libro de Lord Dunsany El crepúsculo de la magia, el bueno de Alonso de la Torre se queda sin sombra, si no recuerdo mal. Qué decir de Ged en Terramar y su sombra que le persigue. Hasta yo, hace muchos años, grabé una canción que se llamaba Hombre sin sombra, aunque el jodido del teclista siempre le llamaba en los ensayos Sin perdón. Nunca supe por qué.
Las sombras. Quién no tiene una que le acecha, o ha perdido la suya propia hasta no reconocerse. Te pueden agarrar cuando estás sentado en tu casa tranquilamente. O mirando un paisaje. Escuchando una canción melancólica, haciendo unas patatas pobres, bañándote. Las sombras de una vida, esas cosas oscuras a las que la luz no llegó. Hay quien consigue ignorarlas, vivir de espaldas a ellas. Hacer como que no existen. Yo no puedo, siempre digo que mi carácter es sombrío y es por eso, me gusta sacar a mis sombras, y no es masoquismo. Es que bailo con ellas, cantamos juntos, jugamos a un juego de horror y esperanza aunque a veces duela, porque sé que así cada vez se hacen menos nítidas, pierden su capacidad de causar espanto y dolor. Creo que podría ignorarlas, pero temo sus conciliábulos en los rincones, temo que así puedan hacer más daño y no darme ni cuenta. A base de pelearme con ellas, con alguna ya casi tengo amistad, a veces nos fumamos un cigarro antes de ir a cama, charlamos a la luz de las estrellas; esas sombras entrañables que aun causan un poco de frío en un costado, pero tan desvaídas, tan cerca de su nadir, que casi causan simpatía.

Luego están esas que llegan negras, negras como la noche más profunda, frescas, con todo su poder para molestarte... y que uno puede evadir cuando no apetece; en otras ocasiones también se puede agarrar cansino la vela, y aporrearles la cabeza, hasta conseguir a base de pelea que vayan perdiendo fuerza.

sábado, 18 de febrero de 2012

Amistad.

La amistad (< latín amicĭtas, por amicitĭa, de amicus, amigo, que deriva de amare, amar) es una relación afectiva entre dos o más personas.

Ya decía yo.

viernes, 10 de febrero de 2012

Muñeca rota.


Érase una vez una muñeca rota.
Todo el mundo podía mirar dentro de su cabeza, detrás de sus ojos, y no ver nada. Y ella se acostumbró a ser examinada así, todos los niños pasaban, miraban dentro de su cabeza caída y no veían nada, y la arrojaban a un lado.
Un niño especialmente extraño, con ojos de color océano y cabello negro como la noche, la recogió del suelo. Con mimo y artesanía unió cabeza y cuerpo. Han pasado muchos años, el niño ya casi es un anciano, y desde entonces lleva sentado enfrente, mirándola, esperando, a ver si ahora que nadie puede mirar comienza a formarse un alma allá dentro.

lunes, 6 de febrero de 2012

Vikingo.

A furare normannorum libera nos Domine (De la furia de los hombres del norte líbranos, Señor).

Hace ya unos años estaba yo tomando una cerveza en el medio de otras muchas, en esa fase en que la conversación adopta nuevas vías gracias el alcohol, pero todavía es conexa e incluso más atrevida y precisa que en la sobriedad absoluta. Impulsados por su pareja, mi gran amigo desde hace eones y yo comenzamos a ponernos verdes en un pretendido psicoanálisis etílico. Yo estaba perorando sobre cualquier gilipollez, cuando de pronto mi amigo me cortó de raíz y me dijo:


-Ti o que es e moi vikingo.
-¿Qué queres dicir?
-Iso, non sei como explicalo. Vikingo.
Me quedé mirándolo un rato, vi que ella asentía. Vikingo. Al día siguiente, de milagro, recordé la frase. Mi mejor amigo no suele hablar por hablar, y me puse a pensar qué coño quería decir que yo sea muy vikingo. Históricamente, me siento desde luego más cerca de los gallegos que se enfrentaron a ellos una y otra vez, casi siempre echándolos al mar después de duras batallas; si hubiese un Hollywood por aquí ya habría unas cuantas películas sobre el tema, mostrando hileras e hileras de longships vomitando escandinavos en nuestras costas. O sea que por eso, por admiración histrórica, no es. Soy un poco bárbaro y a veces, en confianza, algo bocazas, pero nada comparado con mucha otra gente. Eso no. No puede ser por violento, porque aunque tenga mi agresividad, procuro no usar jamás la violencia si se puede evitar. Por alto y rubio, tampoco va a ser. Aunque él descubrió cuando éramos unos críos a Bathory http://es.wikipedia.org/wiki/Bathory y ambos adoramos su etapa de Viking Metal, tampoco va a ser eso. ¿Entonces qué?


Recuerdo estar en casa. Había una bolsa de algo, cacahuetes, o patatas fritas. Sé que aquél detalle me hizo entender algo. Porque la agarré con las dos manos, tiré, y la bolsa resistió. Bien, hay que ser muy gilipollas, pero recuerdo que me pasé como tres minutos sin exagerar tironeando, gruñendo, como si me estuviese peleando con un oso polar, hasta que se me perló la frente de sudor, casi me desgarro los músculos del antebrazo; no recuerdo si al final me rendí exhausto después de morder y arañar, o la abrí. Esto siempre es así. Yo no voy a buscar unas tijeras; prefiero romperme los tendones y perder media hora. ¿Por qué? No lo sé.
Cuando vuelvo del supermercado con 34 bolsas, yo no puedo hacer dos viajes desde el coche. Así me destroce la espalda, o avance a velocidad de caracol sepultado bajo litros de leche y bolsas de gusanitos y cervezas. Un viaje.
Cuando tengo modorra o sopor, me pego. Me recuerdo haciéndome alguna barbaridad a mí mismo con un cubito de hielo, unas tijeras y un Nolotil. Si hay que comer, es como si llevase un año sin comer, cuando se bebe, se bebe en serio, nada de bromas.
En base a observar mi comportamiento unos días, fui comprendiendo. Conozco los subterfugios, la retirada a tiempo, la doble moral, el engaño, el soborno, la espera, la paciencia, la contención, el oportunismo, la demagogia, el veneno, sé meter cizaña, minar cimientos, pulir aristas, etc, etc. Pero aunque para los placeres y las aficiones sea retorcido, ecléctico, con mi punto sofista y diplomático, en el combate, sea con una bolsa de cacahuetes o con una enfermedad, con un pollo asado, sea una discusión de tráfico o un problema amoroso, no suelo hacerlo. En el combate con la vida soy vikingo. Lo normal, es que tire de hacha danesa, de correr colina arriba, y de cabeza contra el castillo. Si gano, genial, y si no, me quedo magullado. ¿Armadura? ¿Estrategia? No. Pero con el gusto de ser, en algo, por una vez, cojonudamente simple y vikingo.


Grazas amigo.