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De grandes penas y grandes alegrías.

martes, 8 de febrero de 2011

Ayer vi un perro muerto.


...y casi me pongo a llorar. Es increíble. Como la gaviota de Silvio. Vienes de la guerra, de ver cadáveres carbonizados, y te hace llorar una gaviota. O estás pasando una temporada horrorosa, y de pronto te hace llorar un documental sobre el sitio de Leningrado, como me pasó un día en que acabé mezclando lágrimas y risas porque la situación me parecía surrealista.
Recuerdo cuando lloraba a diario, durante meses. Ahora estoy más en lo mío, hace mucho tiempo que no lloro. Pero el perro muerto me recordó que esas lágrimas no lloradas se han ido acumulando todo este tiempo, lentamente -menos mal-, y que cualquier día, cualquier cosa, hará que ese tanque de lágrimas desborde.


1 comentario:

Mí misma dijo...
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