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De grandes penas y grandes alegrías.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Amakudari.



Siempre me ha caído bien el Japón. He conocido a unos cuantos japoneses, y me parecen tan llenos de complejos, extrañas manías y vicios de la personalidad como yo mismo. Sólo que en su caso, parecen compartir esas cosas entre los millones de japoneses apiñados, y sin embargo yo en mi tierra soy un perro verde. 
Me cae bien un país, sí. Los japoneses que conocí también me cayeron bien, la mayoría, sobretodo después de beber. Su sociedad parece una abigarrada mezcla de lo nuevo y lo viejo, sin cohabitación sana ni fácil. En cualquier caso, aunque el Japón no me cayese simpático, menuda putada lo de Fukushima. Maldito amakudari, maldito nepotismo el de aquí, maldito corporativismo. Quizá algún día el ser humano aprenda a depositar su lealtad y admiración en aquello que lo merece y no dejarse engañar por la edad, por la apariencia de sabiduría, por la posición social y los capitales, por la belleza física. El mundo está lleno de héroes, de buena gente, trabajadora y amable, que no genera problemas sino soluciones. Son conductores de autobús, son policías, mendigos, prostitutas, parados, niños, viejas, profesores y cajeros; difícilmente encontrarás a uno en un gabinete de ministros o en el consejo de administración de una gran empresa como TEPCO. Lástima.


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Nosotros también somos alienígenas.


“Allí estaban. Las pálidas cubiertas de sus cuerpos reflejaban la luz mortecina de esa estrella del tipo espectral G2. Eran dos especímenes de distinto tamaño, siendo uno tranquilamente 7 veces más grande que el otro. El de menor tamaño presentaba un ratio superior en el tamaño cefálico y ocular, y una cierta incapacidad motora. El de mayor tamaño, empleando para ello los apéndices superiores de tipo articulado y una herramienta tosca de metal, dividía una fructificación de la flora local modificada por selección artificial, y tendía los trozos al alienígena de menor tamaño, que emitía sonidos ininteligibles mientras estiraba sus torpes apéndices para tomar el alimento. Posteriormente, ambos especímenes comenzaron un extraño ritual sobre la superficie tapizada con primitivos textiles, que incluía arañazos y mordiscos de baja intensidad, mimetizando los rituales de juego de otras especies de su planeta, mientras emitían los extraños sonidos que esta especie emite en momentos de diversión.”
Esta tarde fui a despertar a mi hijo de dos años, comimos una manzana y luego jugamos un rato en cama.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Redes blancas.


Escucho una canción que dice "long nets of white cloud my memory". Y así debe ser; creo que por fin he acumulado los suficientes inviernos como para sorprenderme con cosas del tipo "vaya, no recordaba a tal o cual persona, o tal o cual cosa" y que éstas sean de calibre, no anecdóticas. Recuerdo un tiempo en el que lo recordaba todo, absolutamente todo, como un puñetero disco duro de Western Digital de 10 Tbytes. No sé si el disco se angostó (puede, con tanto café, tabaco, alcohol y disgustos), o si simplemente está fragmentado.


Pero Stevie, ahora también siento yo esas largas redes blancas. Y lo peor es que casi me gusta. Ya que el antivirus no me ha librado de muchas cosas, prefiero que algunos datos se pierdan.

martes, 8 de febrero de 2011

Ayer vi un perro muerto.


...y casi me pongo a llorar. Es increíble. Como la gaviota de Silvio. Vienes de la guerra, de ver cadáveres carbonizados, y te hace llorar una gaviota. O estás pasando una temporada horrorosa, y de pronto te hace llorar un documental sobre el sitio de Leningrado, como me pasó un día en que acabé mezclando lágrimas y risas porque la situación me parecía surrealista.
Recuerdo cuando lloraba a diario, durante meses. Ahora estoy más en lo mío, hace mucho tiempo que no lloro. Pero el perro muerto me recordó que esas lágrimas no lloradas se han ido acumulando todo este tiempo, lentamente -menos mal-, y que cualquier día, cualquier cosa, hará que ese tanque de lágrimas desborde.


sábado, 5 de febrero de 2011

A mis plantas les gusta The Gathering.



Sí. Supongo que lo de ponerles música clásica podría funcionar. Pero a las mías, desde luego, les gusta el metal. Sobretodo a la amaranta, a la que le encanta una canción de Nightwish (http://www.youtube.com/watch?v=GdZn7k5rZLQ).

Lo que me alucinó y motivó esta entrada es cuánta gente se dedica a investigar en serio estas cosas. Con medidores, cronómetros, y libretas de laboratorio. Por el amor del azar! Qué extraño es todo. Hay gente que quiere explicar racionalmente el amor, la consciencia, las sensaciones y yo que sé. A este paso poco margen nos dejarán para soñar algo delirante, divertido y maravillarnos con los sinsentidos de la vida. Yo no pienso hacer ni un experimento (ya me llega con hacer por los que me pagan), para determinar sin lugar a dudas que a mis plantas les gusta The Gathering.

viernes, 14 de enero de 2011

Ayer vi Rocky VI.

Sí. Durante un tiempo, mientras la veía, me preguntaba: qué coño hago yo viendo esto. No siempre vas a ver películas de Kieslowski, Kusturica o Frittinovsky, pero... Rocky VI? Ni siquiera he visto ninguna de las otras.
Tampoco es que tenga importancia. Darse un baño de estos viene bien de vez en cuando. Creo que lo malo es que hoy por hoy Rocky se está convirtiendo en norma y la trilogía del color sería darse el baño.

Y eso no me gusta.